Roma es una ciudad que impresiona incluso a quienes creen conocerla antes de llegar. Su mezcla de monumentos, ruinas, plazas y vida cotidiana la convierten en uno de los grandes destinos urbanos de Europa.
En una primera visita de tres días conviene organizar bien el tiempo. El primer día puede dedicarse al Coliseo, el Foro Romano y el Palatino, tres lugares esenciales para entender la dimensión histórica de la ciudad. El segundo día resulta ideal para recorrer el Vaticano, visitar la basílica de San Pedro y, si es posible, entrar en los Museos Vaticanos.
El tercer día puede reservarse para pasear sin tanta rigidez por el centro histórico: Plaza Navona, Panteón, Fontana di Trevi, Plaza de España y Trastevere. Esa parte más caminable de Roma es tan importante como sus monumentos.
La mejor recomendación es madrugar, reservar entradas con antelación y asumir que Roma no se termina en una sola visita.
